Blanquea ortigas jóvenes un minuto y enfría para fijar el verde. Sofríe cebolla en mantequilla cultivada, añade patatas en cubos y cubre con caldo claro. Incorpora las ortigas, cocina breve y tritura. Devuelve al fuego con un toque de crema agria casera; ajusta sal con una cucharada de salmuera de chucrut. Sirve con pan moreno tostado y unas gotas de aceite de nuez. Es contundente, mineral y reconforta sin pesadez.
Escurre ligeramente chucrut joven, mezcla con manzana ácida en láminas, eneldo, comino y un hilo de miel. Añade nueces tostadas o dados finos de speck si lo consumes. Viste con aceite de semillas de calabaza y pimienta recién molida. Reposa diez minutos para que los jugos conversen. Es un contraste amargo, dulce y ácido que despierta el apetito y acompaña bien papas asadas, quesos tiernos o un huevo poché sin mayor ceremonia.
Cuece polenta lentamente con agua de manantial y una hoja de laurel, removiendo con paleta de madera para evitar grumos. Saltea boletus rehidratados y frescos con ajo, añade un vaso de su remojo colado para intensificar sabor. Monta con mantequilla cultivada y un queso alpino rallado. Corónala con hierbas frescas recolectadas y unas gotas de vinagre vivo. Es densa y aromática, ideal para secar guantes al calor y conversar sin reloj.